Mirando hacia la ventana casi escondiéndose de las personas que pasaban cerca, él la esperaba, solo se asomaba un poco para poder ver hacia afuera, mientras lentamente a sorbos tomaba su café su mente se trasladaba a los recuerdos que más le gustaban.
Pensaba en los jueves, al empezar ese día siempre era lo mismo. Preparaba su café, negro como sus ojos, aquellos que no dejaban observar su interior y se colocaba su traje del mismo color.
-Si, este es el que mejor me queda, haré juego con el chalet negro de ella.
Después se miraba al espejo mientras su cabeza se hacia muchas preguntas, esas que solo ella tenía respuesta.
-Esta vez sí voy a preguntarle: ¿Por qué llegas a mi casa todos los jueves a las cuatro y media y te vas sin decirme nada, ni siquiera para pedirme que el otro jueves te espere?
Pero cuando se decidía a hacerlo y tomaba fuerzas, ella llegaba y se acercaba a la ventana, sonreía suavemente entre angelical y coqueta. Eso lo volvía loco, haciéndolo correr a la puerta, queriendo desesperadamente poseerla.
De pronto un pensamiento inquietó su mente, rápidamente metió su mano dentro del pantalón y sacó un pequeño reloj que interrumpió el silencio, las manecillas anunciaban las cuatro y treinta y un minuto, enseguida un frío recorrió su cuerpo y cambió su semblante.
-¿Hoy podía ser ese día? Ese que imaginé tantas veces, cuando ella no volvería. ¿Cómo vivir sin ella? Cada vez que suspiró ella es mi aliento, la que me hace despertar todas las mañanas para prepararme para el jueves.
Aunque de ella nunca escucho una dulce palabra para él, solo su nombre pronunciado tantas veces con variadas entonaciones, él tenía miedo de perderle y eso era lo único que le importaba.
Frente de ella no era capaz de reprocharle nada, se conformaba con mirar sus coquetos ojos y creía que le decían que lo amaba, que no podía vivir sin él, que lo necesitaba, además le gustaba observar sus seductores movimientos tan diferentes y perfectos cada vez.
Recordando esos instantes empezó a delirar:
-¡Como no ser preso de esos benditos ojos, sus cejas, sus labios, sus manos, ella volverá y veré otra vez sus movimientos para interpretarlos, ¡Su lenguaje es todo su cuerpo!
Su prepotencia y orgullo también le fascinaban junto con su hermosura, hacían una combinación exquisita, que él deleitaba suave e impacientemente.
Ella era inteligente, astuta y bella, le encantaba volver loco a los hombres, usaba sus encantos más sus inexplicables frases que siempre los hacían pensar, matándoles la cabeza irónicamente se reía; él no se quedaba tranquilo hasta resolver sus enigmas. Cada jueves empezaba su juego con él, juegos de seducción, de inteligencia, juegos de palabras, miradas, gestos, juegos y más juegos que finalmente eran uno sólo, uno único.
Ella llegaba con el dulce toque de las campanas de la iglesia, él no sabía si las amaba o las odiaba, porque ella también se iba cuando volvían a tocarlas.
Encerrado en sus pensamientos, se le iluminó la mente y se le ocurrió que ella podría estar en la iglesia, o al menos que allá encontraría una respuesta de su extraña desaparición.
Corrió impulsándose con los ecos de la voz de ella, que aún estaban en su mente, pronunciando su nombre y pensando que lo llamaba.
-¡Anthony! ¡Anthony!
En breve llegó y se paró junto a la puerta de la iglesia, mientras los fieles salían su corazón no dejaba de latir, al desconocer la cara de aquellos su desesperación aumentó y al darse cuenta que ya habían salido todos, decidió entrar.
Enseguida cayó de rodillas, pero no lo hizo por el santo que había en el altar, dos pequeñas flechas en cada pierna lo hicieron doblegarse, sus ojos por primera vez hablaron por él, estaban asombrados de tanta belleza, alumbrada con un poco de luz que entraba por una pequeña ventana, admiró tanta arrogancia, ella lo tenía ahí, a sus pies una vez más como siempre.
Con firmeza sostenía el arco y hablando con seguridad le dijo:
-¡Yo sabía que vendrías! , ¡No esperaba menos de ti!
Él entendió aquellas palabras mientras un chorro de sangre recorría sus piernas, comprendió del porqué de ese momento, recordó esa tarde en la que ella le preguntó:
-¿Hasta cuándo me dejarás de amar?
Y él sin pensarlo, sólo sintiendo, le respondió:
-Hasta el día en que me mates.
El corazón se le oprimió fuerte en ese instante, sintió que se le rompía y antes de que ella diera su estocada final en su último juego... Él se le adelantó y murió, porque intuyó que a pesar de ser la autora de su muerte, él no iba a dejar de amarla.
Al otro día, no hubo misa, a cambio la policía recogía un cuerpo y lo sumaba a la lista de homicidios con una flecha ocurridos en iglesias.
*Cuento inspirado por las canciones "Silencioso amor" y "Lenguaje de mi piel" de Kraken, un pequeño homenaje para Elkin Ramirez. Que Dios lo tenga en su gloría.
Ver el mundo desde diferentes perspectivas, enriquece el ser. En una película es complicado captar en su trama y línea varias visiones, así que en este caso la idea de manejar pequeños cortometrajes de menos de 5 minutos, por diversos directores, para expresar a París en su multiplicidad de sentidos, es un gran acierto. Como lo denomina Italo Calvino, en su libro 6 Propuestas para el Nuevo Milenio: “Cualquiera que sea el punto de partida, el discurso se ensancha para abarcar horizontes cada vez más vastos”, así es el film, este es el objetivo que persigue, y para conseguirlo reproduce la narración en múltiples voces, obteniendo como resultado muchos significados posibles para conseguir una aproximación al sentido del amor y sus permutaciones.
En la cinta se capta con sus escenas el ambiente que inspira la ciudad de la luz y su relación con los sentimientos del ser humano, para ello las cualidades de París se entremezclan con las emociones del mimo y la esencia existencial que lo mueve a la búsqueda del amor. El respiro del lugar es la energía que invade los corazones de los mimos, que sin importar el sitio donde se conocieron, la inspiración del contexto al afecto, hace su cometido; dejando que el cariño fluya, percibiéndolo todo con ojos románticos, para que ellos finalmente se enamoren y decidan construir una familia, las imágenes reflejan con los gestos de cariño los lazos de ternura que se sembraron a partir de ello.
El lenguaje casi nulo, también se ve en la historia de la vampiro en el que la expresividad, los gestos, los colores, la figura icónica del corazón y lo simbólico de las imágenes hablan por sí solas y tienen su significado en la trama.
Cada episodio esta relacionado con un hilo conductor sutil casi invisible, en donde van atravesando las historias por los diferentes campos del amor, ya sea desde el cariño fraternal con las escenas de la madre que pierde a su hijo, el padre que se ofrece a cuidar el nieto, o la mamá que deja a su criatura para velar por otra, hasta el amor de pareja que se observa en los jóvenes que disfrutan compartir los gustos de cada uno y vivir sus emociones.
Cada relato nos deja una filosofía de vida, que es el amor, porque es el sentimiento que nos hace encontrarle sentido a nuestra existencia, rompe límites y sistemas, como por ejemplo el chico que con los amigos coqueteaban a las mujeres, en ese momento una de ellas cayó al piso y él la ayudo, aún sabiendo que pertenecía a la mezquita, una religión diferente a la suya, la siguió dejándose llevar sólo por una ilusión. Analizamos que en París hay diversidad de religiones y libertad para ejercerlas.
Se puede decir que el film esta catalogado dentro del cine arte, pues lo caracterizan las escenas cotidianas que una persona puede atravesar y su narrativa refleja la realidad sin ideologías. Es una película de carácter moderno porque el desenvolvimiento de sus episodios nos sorprende, en donde nos insinúa lo que no quiere parecer obvio, posee un lenguaje ambiguo que capta la atención del público, y una muestra es el cortometraje en el que el papá y la hija conversan hasta llegar al punto en donde él va a cuidar a su nieto, pero en el desarrollo de la historia no se sabe la relación de los dos, parecía como si a ella la encerrará el esposo, o el proxeneta, cuando en realidad era el hijo que no le dejaba libertad para disfrutar muchas cosas, el personaje con el que ella hablaba se mostraba como el posible hombre que le ofrecía escapatoria amorosa.
La propuesta más visible es el tipo de narración que brinda un relato en el que la voz en off, se asemeja al escritor de una novela sobre sí mismo en tiempo real, además que la escena está enriquecida con un lenguaje descriptivo y poético, nos referimos a la historia del marido que pretende dejar a su mujer por su amante pero al descubrir que tiene cáncer su esposa, deja sus planes atrás.
En el colectivo no sólo se tiene en cuenta la visión del citadino, sino que es una mezcla de culturas, en donde se tiene en cuenta la apreciación del extranjero y ellos hablan con voz propia. La forastera que ahorró por conocer esta ciudad mágica e inspiradora para ella, expreso sus sentimientos que le transmitió la metrópoli, hasta reflexionó sobre sí misma y entendió desde su punto de vista porque era el lugar ideal para los artistas y sobre todo opinó acerca de la cultura de las personas de ahí, de su comida, de la forma de ser de la gente, en otras palabras el film resalta las características que identifican París, confirma lo que se piensa de ella a través de la foránea.
La muerte se hace presente en el amor y es aquí donde nos preguntamos: El amor se está muriendo con nosotros?, Es la duda que se formula la señora ya entrada en años porque la pareja se está alejando del afecto, pero también hay otros que se interrogan y analizan si ellos están matando el amor, como por ejemplo el joven que por medio de la llamada de su novia que le dice: “Nuestro amor se ha dormido”, reflexiona en que falló la relación, como vemos nuestra interioridad sale a relucir cuando traslucimos el alma y el corazón sobre algo o alguien.
Los picados y contrapicados, la música de las escenas, los planos detalle nos envuelven en el escenario, nos traslada hacia la misma esperanza de los personajes, en donde la esperanza es el amor, que se nos presenta en forma mística, sin explicación, casualmente, como en las escenas en donde el chico homosexual tan sólo al ver al hombre sentado, se siente atraído por él y percibe la química y la sensación de conocerlo, sin siquiera comunicarse con él.
El amor nos cambia la ruta y nos lleva a un sendero de luz, como la ciudad misma. Como la luz que encontró el señor que no hallaba la dirección del salón de belleza y se sentía perdido y extraño, hasta que la conoció.
Por: Daicy Celiani Echeverri Castillo