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¿Qué lecciones aprendí como docente en el 2020?

Ha pasado 1 año desde que comenzó la cuarentena, tanto estudiantes como docentes recurrieron a protegerse en sus casas por temor al COVID-19, para luego comenzar con la opción más viable y seguir con sus procesos educativos, con la virtualidad. 

De hecho, se tomaron diferentes acciones para continuar con las actividades, personalmente tuvimos 2 semanas para prepararnos y cambiar a clases virtuales.

Durante mi labor, he considerado como docente que el apoyo de plataformas son fundamentales para las sesiones presenciales, por ello, tenía algunos materiales preparados, sin embargo, no los suficientes para asumir clases 100% vía remoto. 

Herramientas para la virtualidad

La adaptación se dio por etapas, la primera de ellas y la más importante fue escoger las herramientas adecuadas para desarrollar oportunamente las aulas virtuales.

Requería principalmente una para la transmisión de las clases, así mismo, una pizarra en línea; repositorio donde pudiese compartir actividades y archivos, para evaluar a los estudiantes de manera ágil y fácil. 

Por consiguiente, buscaba un programa el cual no limitará mi tiempo en una reunión, posterior a esto, miraba su estabilidad y que me permitiese grabar las clases, este era un plus para mí; quería darle la oportunidad a todos mis estudiantes para acceder al contenido dictado sin ningún problema.

Tenía claro que en la virtualidad ocurrirán complicaciones como: problemas de luz, Internet o la existencia de estudiantes que no tendrían los recursos disponibles en ese horario. 

Estas fueron las escogidas:

  1. Google Meet, esta herramienta me permitía organizar el calendario, es decir, mis horarios de clase. No deseaba perderme en un sinfín de links entre cada sesión. Con este programa realicé mi trabajo sin estresarme por la duración.

De igual forma, las cuentas institucionales me permitieron grabar las sesiones y guardarlas en Google Drive, esto hizo que ahorrara tiempo, ya no tenía que utilizar un software para grabar pantalla y subir el vídeo a Youtube, lo cual se demoraba bastante.  

2. Las pizarras son fundamentales para un maestro, pero sabía que un tablero y un marcador no son de gran utilidad frente a un computador, así que debía conseguir una herramienta virtual que cumpliese con este requerimiento y donde no solo pudiese escribir yo, sino que los estudiantes también interactuaran. Esto significaba que no tendría limitaciones de espacio. 

A partir de una ardua búsqueda seleccioné la aplicación Miro, esta tenía una versión educativa muy profesional totalmente gratis, sin embargo, tuve que demostrar que era docente para que pudiese acceder a ella.

Desde entonces cada curso tiene un tablero en el cual podemos interrelacionarnos, no se borra la información y esto permite que el estudiante vea las notas de clases cuando lo desee. 

3. Para el almacenamiento de documentos y materiales de estudio ya venía trabajando con Moodle, la cual era manejada por la institución. Así que aprendí a utilizarla mejor, a organizar el contenido y las actividades que dejaría.

Lo limitante con esta app es que no se pueden subir archivos muy pesados, por lo que toca recurrir a Google Drive. 

4. Ahora bien, otro tema importante era el evaluar a los alumnos; cómo se evita la trampa en trabajos escritos y evaluaciones de preguntas abiertas, prevenir el plagio es sumamente primordial. La universidad tenía licencia con el software Turnitin. Con esta herramienta reviso cada escrito y encuentro que varios estudiantes no saben citar, esto se termina viendo reflejado en sus notas.

Soy un docente con fama de revisar minuciosamente cada trabajo, además de ello doy clases de ética para que mis estudiantes no hagan copie y pegue erróneamente, con esto me he percatado que la mayoría de documentos enviados ya no tienen plagio. 

5. La siguiente etapa era encontrar material didáctico y adecuado. Aprendí sobre Latex, para elaborar documentos con una buena presentación en cuanto a ejercicios de matemáticas, se refiere.

6. Mientras tanto, en el canal de Youtube comencé a subir videos grabando mi pantalla, con esto, desarrollé habilidades de edición de vídeo y hasta de diseño gráfico.

7. Así mismo, indagué sobre los podcasts e hice algunos con corta duración donde podía orientar a los estudiantes.

De hecho, ha sido divertido aprender a crear nuevos contenidos multimedia en el campo de la pedagogía, aunque uno se encuentra con obstáculos técnicos y de presupuesto. Un ejemplo: el micrófono de mi computador se dañó, es decir, no pude seguir haciendo los vídeos del canal en el formato que ya estaba trabajando, así que opté por conectar también mi celular para dar las clases. 

Por consiguiente, el tiempo que se invierte en la preparación de clases, materiales y estrategias pedagógicas es bastante, sin embargo, este año ha sido de constante aprendizaje y aunque no es lo mismo dar clases presencial a virtuales, debo decir que es una experiencia totalmente diferente.

Aún así, se extraña el aula y las actividades como estábamos acostumbrados, pero, la virtualidad abrió otras alternativas en la educación. 

Probablemente en mis futuras clases seguiré usando muchas de las herramientas anteriormente mencionadas y espero ser recordado como un docente con el cual siguieron aprendiendo a pesar del confinamiento.

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