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¿QUÉ LE PASÓ A NUESTRA GENERACIÓN?

Escrito por: Juan Camilo Baracchi Vélez-columnista

En las décadas de los 80 y 90 nace una generación que pretendía dar un relevo en gran parte de los espacios de participación pública, y en la construcción de cambios sociales basados en las oportunidades que les accedían a los escenarios de la época.

Esta generación se encuentra con una era de la tecnología, la cual permitía una comunicación masiva; posteriormente, dio paso a lo que hoy se conoce como “globalización”, que consistió en la llegada de un inmenso flujo de información con el que los jóvenes fueron ampliando su aprendizaje y conocimientos, que en décadas anteriores solo era posible de obtener haciendo parte de alguna élite.

El interés actual de los jóvenes

Sorprende ver que en los jóvenes abunda, sin caer en el error de generalizar, el interés por temas limitados a algunos aspectos que tienen sus principios en las tendencias musicales, deportivas y del mundo del entretenimiento, como se hace llamar este último.

También creo que, cuando de filosofía de vida hablamos, ellos pueden centrar sus emociones y esfuerzos en el aforo de conseguir unos “pesitos”. En aquella reunión, en la que yo parecía un aislado enigmático, mientras todos gritaban y se reían, reaccioné preguntando: ¿Cuál es el sentido de la vida de la actual generación de jóvenes? fue cuando un erguido, “astuto” e inexperto mancebo se alertó, me miró fijamente a los ojos y, de una forma muy coloquial, me dijo: – disfrutar la vida-.

Sin duda, estoy de acuerdo en que ese es el sentido que merece la vida, entonces me detuve humildemente a reconocer lo mal formulada que estaba mi pregunta, y, con un tono parecido al de un mendigo cuando pide una limosna para recibir algo que le satisfaga, le lancé un interrogante al que no podría responder con sinceridad. Sin embargo, aunque intentaba hacer agradable su respuesta, no paraba de decepcionarme.

El amor al dinero

Mi pregunta fue la siguiente: ¿Qué es lo que te hace disfrutar la vida? En resumidas cuentas, pude deducir que lo hacía feliz el invento más codiciado que ha podido crear el hombre: el dinero.

Aunque, implícita estaba su verdadera intención de decirme lo que era, yo pude notarlo, y luego, pensando nuevamente en una fugaz acción, le dije: ¿y si te toca robar? Esto le produjo una sonrisa pícara reflejada por su rapaz personalidad, por lo que me dio una estocada marcando mi conciencia con la siguiente frase: -en este país, para salir adelante, hay que robar-. – O ¿acaso no te has dado cuenta? No tuve más remedio que aceptar que, en gran parte, ese joven, que es mi amigo, tenía la razón; tanta, que dudé si quien estaba errado en la vida era él o yo.

Esa es la sensación. El país me está dejando sin argumentos. La realidad no deja que defienda mi posición. Fue cuando me tocó entonces, soportarme en los viejos consejos de mis padres, abuelos, de mi familia en general y de mi conciencia. El único salvavidas que me quedaba era la ética, y fueron pocas las palabras que expresé.

Los valores en extinción

Al finalizar el día, cuando mi desnuda piel rozaba con la delgada tela que cubre mi colchón, me invadió el pensamiento de quién es la “gente decente” en la actualidad, mi respuesta es que el valor social se ha perdido, tal como lo dijo Juan Gossaín.

Particularmente, he comprendido que el valor de la sociedad ha ido en una transición que comenzaba con la honorabilidad y la honestidad, pero finalizaban en la corrupción y la delincuencia.

Así es, mis queridos amigos. Infortunadamente, nuestra generación hoy se ha dejado llevar por lo mundano y lo terrenal. Ha olvidado que nuestros niños mueren de hambre, que algunas especies de animales se están extinguiendo, que parte de nuestra fauna se está acabando y que nuestros niños no pueden tener tratamientos médicos adecuados.

Ha olvidado también que ciertas empresas privadas nos atropellan, que las empresas de servicios públicos nos están matando como un cáncer, que nuestras calles no funcionan, que el sistema judicial no sirve, que cada hecho de corrupción seguido escandaliza tanto, que oculta el anterior.

Incluso, nos olvidamos de casos como el de Reficar, Hidroituango, Odebrecht, Yuliana Samboní, Cartel de la Toga, funcionarios investigados, masacres y persecuciones políticas, fraudes electorales sin judicialización, los niños de la Guajira, entre otros.

Estimado lector, ¿ha olvidado todas estas cosas? Si su respuesta es no, mi próxima pregunta, sin lugar a dudas, será: ¿qué estamos aportando para darles solución a estas problemáticas?

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