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LO QUE NO SE DEBE HACER EN UNA CAMPAÑA PRESIDENCIAL

Escrito por: Carlos Andrés Espinosa Valencia- Profesional en mercadeo de la Universidad de los Llanos

contacto: editorial@primernombre.com 

Jugar con las emociones de las masas, pretender ser el Mesías del pueblo, argüir con argumentos ambiguos sobre la relativa interpretación de las políticas públicas para beneficiar a selectos grupos económicos del país, idealizar un estado social de derecho y democrático; decir “una vaina” y salir con otra, ser extremadamente sociable y cariñoso con las personas en campaña, pero ser arrogante estando en el poder, son comportamientos normales en una contienda electoral.

Una campaña tiene 3 fundamentos básicos: identificar la población objetivo, conquistar a tal audiencia y movilizar.

Quizá varios candidatos llegan a congregar grandes cantidades de votantes, pero con promesas falsas y estereotipos fundados en el miedo y la posible hecatombe del país, y esta no es la vía para llegar al carpo público más importante de nuestra amada Colombia (SI, amada por pocos y odiada por la gran mayoría que critica en redes sociales, pero no hace absolutamente nada en la vida real para al menos intentar generar un cambio de conciencia).

Dicho lo anterior, comencemos a enumerar los principales disparates que no se deben hacer en una campaña presidencial:

Disparate #1: Mentir en su promesa de campaña

Cada candidato busca elegirse a través de su palabra, que como bien sabemos tiene el mayor poder sobre una congregación. Es más; es el arma más poderosa o la herramienta más pura y sincera, depende de quién la utilice y sus intenciones.

Pretender hacer cambios en la legislación, planes de construcción de vivienda social, variaciones considerables en el sistema de salud; renovación del plan de pensiones e incluso incrementar el número de empleos a los jóvenes recién graduados, son labores que sólo les competen a las diferentes ramas del poder público, entre ellas la legislativa, y, además, son acciones articuladas con organismos de cooperación y el sector privado, así que la mera promesa no tiene ni cinco de valor.

Disparate #2: Meter terror en la población

En vez de discrepar sobre un posible escenario “nefasto” si otro candidato es elegido, deberían basar su promesa de campaña en la honestidad, diferenciación y la creación de oportunidades.

Un presidente que sepa crear oportunidades en un país como Colombia en donde un 46% de la población joven (24 a 33 años) está sin empleo tiene un amplio espectro de dominio político. Además de esto, si comunica magistralmente, con transparencia, sobre la realización de sus planes, ¡Tiene la varita mágica del poder en sus manos!

Disparate #3: ¡Hacer publicidad online para todo el mundo!

Una de las reglas vitales en marketing político consiste en identificar el grupo o los públicos objetivos a convencer y segmentar el mensaje.

Siempre que abro Facebook, Instagram o twitter, me obligan a ver publicidad cortando un vídeo que me interesa (de hecho, se está discutiendo este formato por ser netamente intrusivo) y más aún, que me aparezca en Google porque mis búsquedas “se relacionan” con el algoritmo del mensaje.

Sean eficientes a la hora de segmentar su mensaje y por favor, ¡Sean ridículamente creativos!

Disparate #4: Exigirles a sus coordinadores reuniones diarias

Aparte que es un desgaste, obligarlos a hacer reuniones diarias y eternas, tienen que “suplicar” a la gente que vaya para que “hagan bulto” y que el candidato diga: – “oiga, este coordinador (a) es bueno”-.

Sería ideal que un candidato llegue a un lugar a dar su discurso sobre su plan de trabajo -diferente y atractivo-, en donde la invitación no se hizo a petición del organizador, sino por voluntad propia.

Disparate #5: Llegar tarde a todas las reuniones (o no asistir después de dar su palabra)

Tiene que ver directamente con el anterior punto. La gente tiene que esperar más de una hora para escuchar 12 minutos al candidato, que se expresa de la misma forma que lo hizo en la mañana en un colegio, en la tarde en una universidad y a esa hora en un barrio que tiene cualidades psicográficas diferentes.

No segmentar la audiencia en un error grave; pero peor aún, ¡No segmentar el mensaje es un pecado!

Disparate #6: Pretender cambiar el país con los mismos lineamientos

Cambiar es una decisión que nace de la voluntad. Si hay ganas, hay acciones, y si hay acciones, ¡Hay cambio! Si se quiere hacer un país nuevo (los candidatos hicieron copie y pegue en este eslogan) hay que empezar por crear planes diferentes, que se realicen con grupos sociales y que sea redactado en la plaza pública.

Disparate #7: Asesorarse por vendedores de humo

Quizás sea el mayor error, porque todo comienza por la planeación, y si desde el principio el grupo de trabajo está compuesto por personajes que crean programas de ficción o que adaptan un plan de ciudad de un país del primer mundo. ¡Están fritos!

La mejor manera de llegar a la presidencia es hablando claro y directo.

Las ambivalencias en las respuestas de los candidatos no generan credibilidad. De igual manera la incongruencia entre lo que planean y lo que expresan en los discursos, es una maña que la mayoría han tenido.

Ojalá pudiera vivir en una Colombia libre de inseguridad, entre una sociedad que respeta, tolera y acepta las diferencias y bajo el mando de un gobernante que sea honesto y que le sirva al pueblo y no sea el pueblo que se arrodille ante él para que le dé “alguito”.

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