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LA DIFERENCIA ENTRE CLIENTES FELICES Y “MARGINALMENTE SATISFECHOS”

Escrito por: Carlos Andrés Espinosa Valencia- Profesional en mercadeo de la Universidad de los Llanos

contacto: editorial@primernombre.com 

En marketing siempre se habla de la satisfacción constante de los clientes. “Que siempre tienen que estar contentos con los productos…” “Deben estar ligados a la marca”, “Tienen que sentir un PROFUNDO aprecio por los valores corporativos (aunque nadie los motiva)”, “Que lo uno, que lo otro… que sí, que no…”

La felicidad organizacional

La felicidad para cada persona es relativa, pero se fundamenta en un solo factor: ¡EMPATÍA! Si un colaborador se siente identificado con los valores corporativos y su misión desde el ser va en línea con la empresarial, será un “guerrero comercial”.

De igual manera, si un ciudadano se siente dichoso con su grupo social al cual pertenece (en este caso, país) gracias a que cree que el gobierno piensa en él y lo tiene en cuenta para la construcción de una mejor colectividad y lo apoya en sus proyectos, es porque va a fin con sus ideales y el actuar lo da por hecho.

Lo mismo pasa con una pareja: cuando los dos se percatan que existe una gran atracción debido a la enorme lista de rasgos comunes y comportamientos, ¡Definitivamente están hechos el uno para el otro!

Así mismo pasa en las relaciones comerciales. Si un proveedor encuentra una compañía que en vez de pagarle a 90 días le gira a su cuenta bancaria al momento de la entrega, se sentirá no sólo agradecido sino complacido de contratar con ella.

De igual forma, si un empleado considera que la empresa lo entiende y es flexible con su horario laboral que le permite salir temprano para ir a sus clases nocturnas o incluso no trabajar los sábados para que pueda disfrutar a su familia, definitivamente estará feliz de hacer parte de tal institución.

La ventaja de la buena retribución

La felicidad no sólo consiste en dar, sino en retribuir la confianza que brinda cada persona al momento de depositar su dinero en la empresa. El mismo empleado que puede ir a estudiar de lunes a viernes y los fines de semana hacer planes familiares, es el mismo que le entrega su dedicación, tiempo y carisma a cada cliente con el que tiene contacto.

La felicidad de cada cliente depende de la puntualidad con que llegue el producto a sus manos. De hecho, no sólo se trata de suministrarlo a tiempo, sino en generar en él, el efecto “WOOWWWW”.

Se hace feliz a un cliente a través de la creación de lazos sociales fuertes, en donde el vendedor no sólo lo busque para renovar el pedido, sino que haga acercamientos frecuentes preguntando por su entorno familiar, fechas importantes y cómo puede beneficiarlo

¡Un cliente es verdaderamente feliz cuando encuentra una experiencia de compra absurdamente diferente!

¿Y el ambiente de trabajo qué?

La cuestión no es entrenar a la fuerza comercial en temas de servicio al cliente y momentos de verdad sobre una cultura empresarial “negrera” en donde prima un ambiente de trabajo pesado y pareciera una contienda por el que venda más.

La cuestión es CREAR un ambiente laboral agradable, caluroso, de trato digno, con lugares de esparcimiento divertidos en donde cada quien pueda dedicar sus breaks en actividades que él o ella desee y no solamente en “pausas activas” como, por ejemplo, estirar los brazos y mover la boca sin levantarse del asiento.

¡Por Dios! ¿A qué nivel hemos llegado? (emoji de carita triste)

Los clientes marginalmente satisfechos decantan su decisión de compra con base en el precio y descuentos por volumen.

Un cliente feliz, basa su compra en la maestría que tiene la compañía al sorprenderlo con lo que más le gusta, cómo le gusta y en el momento que a él “se le dé la gana”.

¡A eso le llamo un cliente feliz! (emoji de carita feliz)

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