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LOS SISTEMAS POLÍTICOS: DE LA CIENCIA FICCIÓN A LA TECNOLOGÍA COMO ESTRATEGIA DE DOMINACIÓN SOCIAL

 “La guerra es la paz.

La libertad es la esclavitud

La ignorancia es la fuerza.”

(George Orwell – 1984)

El Físico norteamericano de origen japonés, Michio Kaku[1], autor de los libros física del futuro y la física de lo imposible analiza las posibilidades de desarrollo tecnológico a partir de la ciencia actual y su inminente impacto social.

Alude en diversas entrevistas al término gran hermano, no como el nombre de un reality show sino, bajo el significado dado por George Orwell en 1984, según la cual la raza humana vive bajo el régimen de un gobierno totalitario y represor, donde constantemente se vigila y se castiga.

Es decir se cumple la idea del Leviatán, solo que en esta ocasión el poder político supera con creces el poder eclesiástico[2]. Al igual que Orwell, Aldoux Hurley describe en Brave new world[3] un gobierno unitario que controla la sociedad, en donde la ética científica está regida por el interés político y en el cual hay nuevos principios morales.

Un estado omnipresente, donde las libertades individuales no son mayores que en el contexto socio político actual y el concepto de felicidad está supeditado al placer.

Estas distopias que fueron plasmadas quizá como una advertencia sobre los peligros del monopolio estatal, y que incluyen la supresión de libertades, la observación y penalización constante, pueden ser un reflejo soslayado de lo que ocurre y ocurrirá en varios gobiernos y sociedades, tanto en el presente como en el futuro cercano.

Tal y como lo plasmó Ray Bradbury escritor de ciencia ficción que murió hace algunos meses,[4] autor de novelas tales como Crónicas Marcianas y Fahrenheit 451 esta última escrita en 1953, que fue llevada al cine[5] y narra un país donde el cuerpo de bomberos tenía por santo oficio quemar los libros,[6] con la premisa de que el conocimiento hacía diferentes a las personas y esto no le convenía a un país de tendencia despótica, que necesita homogeneizar a sus ciudadanos para gobernar sin opositores.

Tal vez lo más relevante de este libro es que fue lanzado en pleno auge del Macartismo[7] y se convirtió en un campanazo de alerta sobre la inmiscusión del estado en los asuntos públicos.

Nada nuevo para la sociedad norteamericana que se jacta de tener una falsa libertad de prensa de culto y de pensamiento.  Ahora bien, muchas cosas que hace diez o quince años eran imposibles son ahora realidad, unas vox populi, otros secretos de estado.

La tecnología que fue diseñada para el bienestar del hombre ha caído en la mayoría de las veces en detrimento del mismo, la ciencia empeñada en alcanzar utopías termina siendo un instrumento de represión y control.

Las TICS[8] en especial la publicidad y la propaganda son solo un ejemplo de cómo se manipula la información a fin de lograr resultados amañados a diversos y oscuros fines. Basta recordar la campaña política que llevó a Juan Manuel Santos al poder, en manos del exitoso publicista J.J. Rendón.

No es de extrañar que exista una preocupación latente en la misma comunidad científica y en grupos defensores de derechos humanos, de que algún día lo que se promocione como descubrimiento tecnológico se convierta en una herramienta de opresión y manipulación supraestatal.

El filósofo canadiense Herbert Marshall Mcluhan escribió alguna vez “Toda la tecnología tiende a crear un nuevo entorno humano. Los entornos tecnológicos no son meramente pasivos recipientes de personas, son procesos activos que reconfiguran a las personas y otras tecnologías similares”.[9]

Conforme a esto, los seres humanos estamos transversalizados necesariamente por el desarrollo tecnológico, basta con un análisis somero para evidenciar la repercusión cultural que han tenido la proliferación de redes sociales y los dispositivos móviles, tanto en el ámbito laboral como académico y social.

Si miramos ese mismo desarrollo a gran escala, vemos que no es casualidad que los gobiernos del primer mundo hayan invertido millones de recursos en tecnología con fines militares, con la excusa de mantener la seguridad nacional.

Después del 11 de septiembre el concepto de seguridad cambio radicalmente, hasta el punto de inducir la paranoia interestatal, donde cualquier individuo, ciudadano o extranjero puede ser considerado un enemigo potencial.

A la par de esa histeria guerrerista creció también la inversión en armas avanzadas, los satélites que detectan el titular en un periódico que un hombre lee sentado en la plaza Roja ya no son mera invención de J.J. Benítez[10], si tenemos en cuenta que el Hubble[11] puede obtener imágenes ópticas de hasta 0,1 segundos de arco,[12].

¿Hasta dónde puede estar amenazada nuestra privacidad? En una ciudad llena de cámaras no solo la inseguridad se ve vulnerada, las chuzadas ya no son tácticas detectivescas de la guerra fría sino métodos generalizados por muchos gobiernos desde democracias hasta monarquías, y el concepto de privacidad esta tan expuesto como quien lanza arengas en la plaza pública.

Otro tema igualmente denso que dejo de hacer parte de la ciencia ficción, es la manipulación genética y las posibilidades quiméricas que se desprenden de la misma, a quince años de la clonación de la oveja Dolly,[13].

Los límites éticos y jurídicos de la ingeniería genética aún no son suficientemente claros y estos mecanismos de selección y regulación son propensos a utilizarse tanto en el control de la natalidad, como de “calidad” humana, esto podría convertirse en métodos fuertes de coerción desde la uniformidad física y mental. La matriz donde se incuben los ciudadanos del futuro.

Utopía y distopia

El termino utopía aparece referenciado por Thomas More en el año de 1516[14], aunque ya en la República de Platón se hacía mención a este tipo de estado ideal cercano a la perfección.

La distopía es lo contrario a ese ideal, es su antítesis, una aproximación o una superación de la realidad en el orden normativo que consideramos hoy como estado.

Su génesis como géneros literarios ha nutrido tanto las letras como el cine y la televisión, como antonomasia como presagio de la realidad.  El gran hermano se hace más latente y peligroso a medida que tiene a su servicio la tecnología, pero esta se convierte en un arma de doble filo cuando está al alcance de la población.

Hay un punto neurálgico donde el poder político del estado se atomiza y en su lugar muchos grupos o movimientos de origen cibernético se agrupan y conforman masas invisibles capaces de poner en jaque emporios económicos y militares.

Las movilizaciones de los indignados alrededor del mundo, como el movimiento mexicano yosoy132, capaz de hacer concurridas congregaciones virtuales y reales, promovido por estudiantes de todo el país, y por supuesto anonymous quienes junto a Assange[15] han demostrado ser verdaderas piedras en el zapato de algunas mal llamadas democracias.

La ciencia ficción es rica en ejemplos que se aproximan a la realidad, desde las llamadas teorías de la conspiración hasta los “hallazgos fiscales” [16] hechos por WikiLeaks, hay siempre hipótesis tan asombrosas como repugnantes que tienen por coincidencia y deducción la corrupción maquiavélica con la que operan los grandes monopolios del poder.

Los llamados teóricos de la conspiración argumentan planes en desarrollo tan fantásticos como espeluznantes, por ejemplo, la guerra meteorológica, que de ser cierta, su implementación tendría sendas consecuencias de destrucción masiva, similares a las que tendría la detonación de ojivas nucleares.

El uso de ondas HAARP por sus siglas en inglés (High Frequency Advanced Auroral Research Project)[17] es un proyecto aparentemente científico de los Estados Unidos, pero del cual se argumenta que puede crear ondas electromagnéticas capaces de modificar el clima e inducir tornados y terremotos en cualquier parte del planeta.[18]

Esto supondría una eficaz pero despiadada arma, invisible, sin culpables aparentes. Lo cierto es que, como ocurría en Fahrenheit 451 el conocimiento en manos del pueblo es un obstáculo para las pretensiones plenipotenciarias de los estados, y en esto internet ha jugado un doble papel, el de informar y el de desinformar.

La cantidad de información y la imposibilidad de corroborarla es tan grande, su credibilidad se diluye con el más mínimo argumento de quien la desmiente, (generalmente quienes ostentan el poder, manejan o censuran la información).

Existen argumentos hasta fantásticos que la verdad termina desdibujándose entre evidencias y fraudes, mientras el grueso del pueblo se sumerge en la ignorancia mediática y se aproxima fácilmente a la total ignominia.

La falacia de la seguridad como estrategia de coerción

Kaku afirmaba que debemos cuidarnos tanto de los hermanos mayores como de los hermanos menores[19], es decir todo aquel que posea la habilidad tecnológica de causar zozobra o quien pueda garantizar su control.

Si bien, el estado debe ser un garante de la justicia y aplicador de la fuerza, no debería coexistir o compartir el poder con otros órdenes normativos vigentes, aunque ilegítimos, aun así, como único oferente legal de la misma, no queda otro remedio que acogernos a su dudoso amparo.

Para el filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman, “la angustia colectiva, cuidadosamente mantenida, hace que la mayoría de los mimados consumidores de seguridad de occidente se sumen a la comedia de lo inevitable”[20].

La necesidad de una seguridad garantizada por el estado, es uno de los argumentos que emplean los ambiciosos líderes mundiales para llevar a cabo guerras y estrategias militares, cuyo trasfondo es la explotación económica del territorio ocupado.

Desde la guerra preventiva a la seguridad democrática[21] ocurre, que la ampliación de las facultades militares repercute inevitablemente en el aumento de la infracción de los derechos ciudadanos y humanos; desde una extralimitación verbal por parte de un agente del orden, hasta una ejecución extrajudicial o un delito de lesa humanidad.

Estos episodios contantes y cotidianos parecen no importarle a la masa, mientras se perciba un estado de bienestar, mientras existan protagonistas de novela y gane la selección Colombia.

Las angustias colectivas se disiparán, estaremos tranquilos, pues tras bambalinas sucederá lo realmente importante y que debemos ignorar. Mientras tanto el ojo de Horus cuidara de nosotros.

Una de las estrategias más comunes de un emporio comercial con tentáculos en todas las ramas del poder público es la compra y manipulación de los medios de comunicación que crean distractores y necesidades artificiales con el fin de esconder aquello que es incómodo e indebido: La verdad.

En el caso de Colombia y de buena parte de Latinoamérica: El daño del medio ambiente que deja a su paso la locomotora minera, la crisis económica y el manejo del dinero a favor de los banqueros, las artimañas políticas que favorecen a los oligopolios, las muertes violentas planeadas directamente por el estado, las consecuencias de la guerra, la lucha contra la insurgencia y las alianzas con paramilitares.

Las indirectas causadas por negligencia o corrupción, aquellas derivadas del abandono estatal: Falta de atención médica e inanición, la inadecuada infraestructura de vías de transporte, edificios y sitios públicos.

Estos espacios coexisten con los noticieros temáticos, expertos en chismes de farándula y noticias de corte amarillista, las novelas de pobre argumento, las series reencauchadas, los partidos de fútbol y los canales de avivamiento espiritual donde se venden artículos de fe como único elemento para salir del atolladero, programas radiales de humor escatológico donde se impone el mal gusto y películas de cine donde se sigue vendiendo la imagen heroica del macho alfa americano.

Un derroche nauseabundo de efectos especiales y música pobre en letras y en composición, que incita al sexo degradante y aberrante hacia la mujer. Si bien, estos antes que ser considerados elementos de coerción son estrategias de distracción, todo esto ocurre sin que los gobiernos intervengan, laissez faire, laissez passer[22] el mundo va hacia la hecatombe distópica sin que nadie reclame la bandera de la cordura.

A partir de allí surgen algunos juicios morales; podría decirse que la culpa es de quien absorbe aquello que lo perjudica (consumismo), pero los estados nunca reconocerán algún tipo de responsabilidad, ni los mass media ni sus inversores, supuestos por las libertades que a nivel personal asume cada individuo, problema reducido al orden pedagógico que en última instancia recaen sobre la familia y la escuela.

Pero cuando se trata de homogenizar y crear hombres en serie, la función represora está a la orden del día: Servicio militar obligatorio, cárceles y sistema penitenciario, pena y castigo para quien no puede o no sabe defenderse.

Foucault afirmaba: “Los castigos no están destinados a suprimir las infracciones; sino más bien a distinguirlas, a distribuirlas, a utilizarlas; que tienden tanto a volver dóciles a quienes están dispuestos a trasgredir las leyes, sino que tienden a organizar la trasgresión de las leyes en una táctica general de sometimientos”[23].

El sistema que teme a la generalización de la anarquía, busca por todos los medios disuadir los problemas de patria en molestias individuales, en problemas que asume el ciudadano de cuya culpa solo él es responsable.

Se modernizan y aseveran las penas, pero no se indaga por la causa, no se quieren solucionar los problemas de fondo, no parece ser resorte del estado.

Para Max Weber el Estado es “Aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio reclama para sí, el monopolio de la violencia física legítima”.[24]

El monopolio de la fuerza es solo uno de los monopolios propios del estado, pero tal vez la violencia es inherente al estado. Por la razón o por la fuerza, (como reza en el escudo de Chile) la naturaleza de quienes ostentan el poder es mantenerlo, pasando de representar una nación legitima, a ser mercaderes del poder que se imponen por la fuerza, pasando de obtener un derecho legislativo a una razón social-comercial.

Hasta el día de hoy no conocemos la dominación documentada de ningún territorio mundial por parte de un sistema político impuesto por una raza extraterrestre, que haya subyugado la raza humana al mejor estilo de H.G. Wells pero si sabemos de las invasiones abruptas de países del primer mundo en las naciones tropicales, con sofisticadas naves marítimas y aéreas, tripuladas y no tripuladas que arrasan de forma apocalíptica ciudades enteras, que prohíben la adquisición de armamento nuclear y que imponen sus políticas económicas con el uso de la fuerza.

Seguiremos pues, esperando una realización utópica, mientras la distopias descritas por Asimov o por Lovecraft vuelven a violentar nuestros placidos sueños, cada vez que un delirante dictador recibe un rayo de luz divina que lo inspira a reescribir el curso de la historia o un grupo económico lanza un presidente de sus afectos; mientras los mortales padecemos su locura.

Capitalismo o comunismo distópico, realidades que hace mucho tiempo transgredieron el plano de la ciencia ficción, amparados por el uso de la máquina.

Escrito por: Jorge Diego Mejía Cortés – Tecnólogo en Administración de empresas (SENA), Docente Normalista Normal Superior de Envigado y estudiante de Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia

[1] City College de Nueva York. Andicom Colombia 2012.

[2] Leviatán: o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil. Thomas Hobbes 1651

[3] Novela traducida al español como Un mundo feliz

[4] Waukegan, Illinois 1920 -Los Ángeles California, 5 de junio de 2012

[5] François Truffaut 1966. Fahrenheit 451 es la medida de temperatura a la cual se queman las hojas de papel

[6] Practica empleada por la santa inquisición con aquellos libros considerados herejes o apócrifos.

[7] Término usado para describir las acusaciones de deslealtad, subversión o traición a la patria. Comenzó a usarse cuando el senador Joseph McCarthy, emprendió una serie de acusaciones sin fundamento, denuncias y procesos irregulares a presuntos miembros del partido comunista en los Estados Unidos. Comúnmente se define el macartismo como “Caza de brujas”

[8] Tecnologías de la información y la comunicación

[9]CIDEH. Perspectivas humanísticas desde la era digital, Universidad de San Buenaventura. 2010, p5.

[10] Big Bird, En caballo de Troya 1. P47. 1984.

[11] Telescopio espacial que orbita alrededor de la tierra.

[12] arcosegundo es una unidad de medida angular. Su valor equivale a 1/60 del minuto de arco y a 1/3600 del  grado sexagesimal. Se utiliza para medir objetos muy lejanos del planeta tierra.

[13] Revista latinoamericana de bioética, 2001

[14] Dē Optimo Rēpūblicae Statu dēque Nova Insula Ūtopia. República imaginaria de utopía, tratado político sobre la organización del estado ideal.

[15] Julian Assange fundador de Wikileaks, hoy asilado por el gobierno ecuatoriano en la embajada de Londres

[16] En el argot de la administración pública es un hallazgo administrativo en el que se tipifica que los servidores públicos o los particulares han realizado una gestión fiscal deficiente, contraria a los principios establecidos para la función, que han producido un daño patrimonial al Estado.

[17] Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia

[18] Begich Nick, Manning Jeane, Angels don´t play this HAARP. Auckland Institute of technology press. 1994.

[19] Entrevista en el marco del B-digital Global Congress. Barcelona, España.

[20] Bauman Zygmunt, Modernidad liquida y fragilidad humana, Nómadas. Revista critica de ciencias sociales y jurídicas. 19, 2008 p. 8

[21] Es decir, de George Busch a Álvaro Uribe quienes acuñaron sus respectivos términos

[22] Es una expresión francesa que significa «dejad hacer, dejad pasar», refiriéndose a una completa libertad en la economía: libre mercado, libre manufactura, bajos o nulos impuestos, libre mercado laboral, y mínima intervención de los gobiernos

[23] Foucault, Michel, Vigilar y castigar, Siglo veintiuno editores, Buenos Aires, p 165.

[24] Weber, Max,  El político y el científico, Alianza editorial, Madrid, p. 82.

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