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LA REFORMA TRIBUTARIA Y EL AUMENTO DE LA PIRATERÍA DE LIBROS

La reforma tributaria que se avecina en Colombia parece inevitable. La baja en los precios del petróleo ha afectado negativamente la economía nacional.

Cuando el oro negro estuvo a buen precio ni lo notamos, y la necesidad de meterse las manos a los bolsillos para poder mantener la estructura estatal, que no es nada barato, parece comprensible.

Sin embargo, queda el tufillo de estas nuevas medidas políticas que aprietan en cintura a las clases media y baja, mientras sigue favoreciendo a los grandes grupos económicos complaciendo a los sectores más poderosos.

Por ejemplo, la reforma acaba con los beneficios de la Ley del libro, que eximía de impuestos a los productos literarios. Esta disposición no solo es contraproducente, pues encarecerá y dificultará el acceso al material de conocimiento impreso promoviendo la piratería, sino también inútil.

¿Qué ganancia puede representar al país encarecer en un 14% los libros con un promedio de lectura tan bajo como el colombiano?

De acuerdo a la Encuesta de Consumo Cultural realizada por el DANE en el año 2014, el promedio de libros leídos por habitante en nuestro país es de apenas 4,2.

No obstante, este dato, es engañoso, si tenemos en cuenta que el Centro Regional para el Fomento del Libro en Latinoamérica y el Caribe descubrió en su estudio de comportamiento lector y hábitos de lectura del año 2012, que el 68% de los colombianos no leía.

De este informe se infiere que el promedio de libros por habitante en Colombia es levantado por esa minoría lectora del país. Si vamos más allá, la misma encuesta de consumo cultural muestra que, en promedio, cada colombiano compra 2,2 libros por año. Preocupante.

Una de las explicaciones recurrentes para nuestro escaso consumo de libros, es que en promedio un libro en Colombia cuesta alrededor de $40.000 pesos. Si tenemos en cuenta que el salario mínimo establecido para el presente año no alcanza a ser ni siquiera de $700.000 pesos, es comprensible que quienes lo devengan lo piensen dos veces para adquirir uno.

¡Imagínense si se llegan a poner más caros!

Es hora de que dejemos de ver la lectura como un tema menor y encaminemos nuestros esfuerzos a promoverla. Una sociedad leída e instruida es difícil de engañar por una clase dirigente que la puede manipulador a raíz de la ignorancia del pueblo.

Un ejemplo, fue la campaña del NO en donde convencieron a las personas de votar negativamente por los acuerdos de paz con argumentos como que el país se convertiría en una dictadura ‘Castrochavista’ o una república gobernada por homosexuales, entre otras falacias.

Si se pretende una verdadera democracia, es necesario que el país derrote la apatía lectora y favorezca la adquisición de materiales de aprendizaje, pues su construcción requiere de una ciudadanía informada y con capacidad de discernimiento que solo la lectura puede otorgar.

Imponer un gravamen a los libros solo desestimularía su uso en un país que necesita aumentar sus índices de lectura. La agonizante industria editorial colombiana debe ser excluida de dicha reforma. Una última cuestión, ¿Y los bancos?

Jesús Daniel Ovallos

Estudiante de Comunicación social y director de la Escuela Juvenil de Escritores de Ocaña.

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