Editorial

LA PROSTITUCIÓN DEL SER HUMANO Y LA MORAL DE LA NATURALEZA

Las justificaciones históricas en la actividades políticas (Corrupción, favorecer intereses de unos pocos, entre otros aspectos), la explotación de los recursos naturales, los argumentos a favor de la guerra, la intervención militar de un país, la expropiación, el rumbo de la economía, la llamada “igualdad y libertad” de moda y tergiversada, entre otras cosas, que atentan contra la naturaleza, y no solamente me refiero a la fauna y la flora, son dadas por un problema de prostitución de conceptos.

El mundo y sus hechos, respecto a los conceptos establecidos, ya sean que estén en la Real Academia de la Lengua Española o sean aceptados por la sociedad y la cultura tienen la facilidad, y más últimamente, de acoplarse a la posición de cada quién (o de cada “quiénes”).

A raíz del enunciado no hay verdad absoluta, y la complejidad existente de los diferentes puntos de vista sobre un mismo suceso o cosa en sí, son sentencias ciertas, pero que ha dado indirectamente un valor etéreo a los diferentes argumentos que se forman para darle dirección a una acción o a un concepto, haciendo que todo sea válido desde el punto de vista que se mire.

Sino al conjunto de cosas que existen en el mundo o que se producen o modifican sin intervención del ser humano, y que nosotros pretendemos transformarlas, mejor dicho forzarlas.

La naturaleza es el principio creador y organizador de todo lo que existe, los religiosos y los seguidores de la teoría creacionista lo llaman Dios, porque él finalmente la creo, regido a sus principios.

Las inescrutables fuerzas de la naturaleza son difíciles de negar, ella nos reserva a todos. Y sus principios son quizás los más válidos, pues sus acciones de causa y consecuencia son las más coherentes y acordes.

En cambio, los conceptos creados por los seres humanos, se vuelven subjetivos y maleables, la diversidad de pensamiento es absoluta, aunque algunos creen que si se piensa de una determinada manera quiere decir que están en contra, o peor aún a favor de determinada posición que en muchos casos no es la que representa realmente su pensamiento.

Para la gran mayoría de personas es blanco, negro, rojo, y demás colores, son pocos los que los apropian correctamente, siempre seguido de ellos viene un punto medio real, que si se podría llamar justicia.

La cuestión en definitiva entonces y para ser más objetivos moralmente y correctamente éticos, en una proximidad más cierto es fijarnos y observar los fenómenos de la naturaleza, nosotros mismos como naturaleza, que es en últimas lo que nos rige, no la forcemos porque vienen desde desastres naturales hasta normas “igualitarias” pero no equitativas, ni justas.

Daicy Celiani Echeverri Castillo

Comunicadora social- especialista en Gestión pública (UIS)

Directora revista Primernombre.com

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