Economía Crítica

REFORMA DE PENSUM: DE LA PRODUCTIVIDAD A LA MEDIOCRIDAD

¿Qué significa Reforma de Pensum? De Reforma podemos decir algo, pero ¿y de Pensum? Si lo tratáramos con cuidado nos daríamos cuenta que es una palabra en latín que se refiere a una “tarea concreta”, un “deber”, un trabajo doméstico en plena época medieval: “peso de lana que había que hilar en un día”.  Una tarea diaria, ordenar el día en función del «Pensum» podríamos decir. Hasta ahí entendemos su significado originario.

¿Y ahora? ¿Cómo interpretarlo a la luz del mundo moderno? Pues hoy en día Pensum se refiere al “deber de una carrera universitaria”: su plan de estudios o, más concretamente, al conjunto  de asignaturas que lo conforman. Diríamos, en ese sentido, que un estudiante ya no hila un “peso de lana”, sino más bien “hila conocimiento” en cada una de las asignaturas que ve en su proceso universitario: cumple con el Pensum, es decir, logra obtener su título profesional.

Hasta aquí parece entenderse el asunto. Luego, al hablar de «Reforma de Pensum» pasamos a entender algo: se desea cambiar el plan de estudios de una carrera universitaria. Y si eso lo interpretamos bajo la Reforma a la Educación universitaria que se desea instaurar en Colombia, entonces el asunto se vuelve más problemático.

Así se ha tratado desde el Ministerio de Educación, aunque claro, mejor sería hablar del Ministerio de la «Ignorancia». Dejar de lado que existe un Ministerio de «Educación» nos ahorraría problemas innecesarios desde su misma indefinición. Tendríamos entonces una ministra, de por sí haciendo gala del primer ministerio y no del segundo, que expresaría con claridad lo esencial de su quehacer y su razón de ser en un puesto político de alto rango. Por no hablar de los integrantes de los consejos superiores, rectores, pasando por decanos hasta llegar a directores de facultades, departamentos y escuelas de cualquier universidad. Generalmente pre-ocupados por una administración de recursos y nada de Educación.

No quiero caer en juicios «ad hominem». No perderé mi tiempo en algo así. Más bien, con el respeto que merece el lector, quiero indagar en algo que se viene haciendo de forma soterrada y abruptamente. Me refiero a la reforma de Pensum de las carreras universitarias. En especial quiero dirigirme a un caso particular: la reforma de pensum de economía. Lo hago porque considero que no se ha discutido a cabalidad. Todo lo contrario: no ha sido nada más ni nada menos que la expresión misma de la instrumentalización del conocimiento al servicio del gran capital.

Así que voy a hablar claro y en tono alto: la reforma del pensum es la expresión fiel de la crisis del conocimiento económico. O para hacerlo más claro: la crisis del mismo carácter de la supuesta “ciencia”.  De allí que desee plantear una pregunta: ¿Qué sentido tiene una Reforma de Pensum bajo esas condiciones? En efecto, para tratar de comprender ésta pregunta, propongo que nos centremos en tres discusiones: i) el peso prioritario a las asignaturas cuantitativas-instrumentales; ii)  la eliminación paulatina de las asignaturas socio-humanísticas; y iii) la investigación como puente entre pregrados y posgrados.

Vayamos por partes. Una de las cosas que llama la atención es la obstinación de los lineamientos de implementar asignaturas netamente cuantitativas-instrumentales. Se dice que es importante profundizar en micro, macroeconomía y econometría. Que el conocimiento de “avanzada” se encuentra en el “perfeccionamiento” de las herramientas, métodos cuantitativos y manejo de modelos. Se asume, “ceteris paribus”, que profundizar en las susodichas áreas del conocimiento económico provee al estudiante de pregrado de economía de un conocimiento excepcional: se hace “científico” o al menos se disfraza de éste; se asume un “hombre de ciencia”. Triunfa, logra ser competitivo en el mercado laboral: se supone que logrará el éxito en su vida laboral.

Frente a tal argumento, vale la discusión. Una pregunta elemental: ¿Por qué desde las áreas técnico-cuantitativas no se discute la crisis económica mundial? ¡Me sorprende tanto silencio! Sorprendente cuando, desde la misma posición del pensamiento neoclásico -décadas atrás- se promulgaba el “edén económico” que supuestamente llegaría gracias al famoso paquete neoliberal.

Hoy en día vivimos en el gran fracaso del modelo de mercado: pobreza, desempleo, mayor productividad -¡eso sí!-  de la muerte. Son tiempos difíciles. Pero a lo que voy es a la obstinada idea de querer “reformar” el pensum de economía bajo el argumento de “eso es lo que hace competitivo al economista en el mercado laboral”. Es decir, estudiar para asignaturas cuantitativas, creyendo que se tiene la verdad del mundo frente a una computadora, una serie de fórmulas y un arsenal de datos aseguraría ser “competitivo” en el llamado mercado laboral.

Pregunto: ¿Qué tipo de formación significa esto? Sospecho que el eco del mainstream, ideología anglosajona re-vestida de “ciencia económica”, ni más ni menos que aquella que precisamente ha propiciado la actual crisis económica mundial, ha calado en los creyentes del mercado y sus instituciones hasta el punto de expresarse en la reforma de pensum en las facultades de economía del mundo, y en particular, de  Colombia.

Más concretamente: Esa instrumentalización del conocimiento económico ha llevado a la miseria intelectual y a la oleada de muertes propiciadas por el lenguaje económico. Profesores que no saben lo que dicen y se sonrojan ante la pregunta por la crisis, Estudiantes en confusión continua que no saben que decir y profesionales en altos cargos administrativos que aplican –sin-sentido- modelos a diestra y siniestra en nombre de los resultados y los bolsillos que ensanchan sin responsabilidad alguna.

Luego, no se le puede dar la espalda a éste tipo de situaciones y cuestiones. No se puede adoptar acríticamente una reforma de éste tipo sin conocer el contexto concreto, las implicaciones éticas y el estudio profundo de su implementación e impacto real más allá de la oferta y demanda laboral.

Ahora bien, si la idea de reforma de pensum centrada en el peso instrumental-cuantitativo es endeble, más endeble es aún el hecho de creer en el “ajuste de asignaturas” en función de “optimizar” el aumento de producción de profesionales. En otras palabras, creer que recortando asignaturas para que un estudiante de economía logre “sacar” su título -cumplir la tarea- más rápido y que a la vez sea competitivo en el mercado laboral, es una gran contradicción.

Sale más rápido, sí, pero también más vacío de conocimientos. Vacío porque es un “pincelazo” lo que adquiere en su formación universitaria. Pasa de tener la oportunidad de educarse y ampliar sus perspectivas  a transformarse en mano de obra barata con un centímetro de conocimiento. ¿Por qué aseverar esto? Considero que eliminar paulatinamente el componente socio-humanístico del plan de estudios de economía es negarle la posibilidad a un estudiante de tratar de entender las discusiones del mundo concreto, de la sociedad en la cual vive, de lograr un pensamiento complejo que permita abordar las diversas crisis del mundo moderno e, inclusive, de sí mismo.

En resumidas cuentas: Tecnificar la educación es castrar el Pensamiento. Instrumentalizar el conocimiento es cortar las alas de la Imaginación: nuestra fuente de Creatividad.

Pero al parecer «Tecnificar» e «Instrumentalizar» también hacen parte de eso que hoy en día se le denomina  «Investigación» en un marco de minimizar costos y maximizar ganancias. La otra creencia que reina en el plan de reformas de pensum de las carreras universitarias, es la idea de entablar un puente entre los estudios de pregrado y  posgrado a través de la Investigación.

Aquello hay que verlo con sumo cuidado pues resulta una estrategia poco confiable porque está minada de dos características perjudiciales. En primer lugar,  por mafias que se han creado alrededor de la “Investigación”, es decir, círculos de producción que se quedan en el papel y que hacen de todo menos «Investigar»; y en segunda lugar, cuestiones económicas expresadas en proyectos que llenan los bolsillos de ese tipo de mafias a causa de la sub-contratación de estudiantes (pasantías, en algunos casos) –u otros mecanismos de  estafa académica-  que finalmente se quedan en resultados momentáneos y que poco o nada contribuye a un proyecto serio de formación en su conjunto y a un impacto concreto, real y estructural en la sociedad.

Mejor dicho: se vuelve un proceso mafioso, sectario y de rapiña por proyectos que finalmente nada tiene que ver con la «Investigación»  en el sentido profundo de la palabra.

Por supuesto, es importante resaltar que existen excepciones. Hay profesores y estudiantes serios que Investigan y nada tienen que ver con ese tipo de dinámicas –a ellos mis más sinceros respetos-. No obstante, infortunadamente la “Investigación” se ha tornado un negocio lucrativo y mafioso  que se queda en el discurso del ministerio de “educación” y el cual termina  en un afán por tomar la cabina de la locomotora económica.

De manera que, en ese contexto, la creencia en la “Investigación” como puente entre el pregrado y estudios de posgrado, puede resultar un proceso propicio para fomentar la «Mediocridad». La misma Mediocridad a la cual fácilmente caen profesores y estudiantes que no cuestionan, se acomodan, asisten a clases, acto logístico y operativo, cumplimientos de la tarea diaria que los termina   sumergiendo en una claro dictamen del ministerio de la Ignorancia.

Pregunto, en ese orden de ideas: ¿Por qué se trata de obviar toda ésta discusión a la hora de hablar de Educación? ¿Qué tipo de “Educación” reina cuando se habla de “Investigación” y del fortalecimiento de estudios de posgrado? Sospecho que en aras del aumento de la Productividad también se aumenta la Mediocridad en el ambiente universitario: el mismo ambiente que queda al servicio del gran capital.

De manera que el asunto es problemático en cada uno de los puntos álgidos aquí mencionados. Vemos cómo se pasa a la Mediocridad en nombre de la Productividad “Intelectual”. E intuimos su relación con la reforma de Pensum.  Vale decirlo de nuevo: el gran capital que promueve y absorbe   mano de obra barata se ve nutrido por la instrumentalización del conocimiento y la tecnificación de la educación.

La reforma de pensum de economía es tan sólo una muestra fehaciente -e infortunada- de éste proceso de Reforma Universitaria que se lleva a cabo en un país mercantilizado. Y lo que resulta más inquietante dentro de ese contexto: no sólo se busca producir  mano de obra barata sino que también, como dijo alguna vez el escritor portugués José Saramago en una conferencia de 1999 al referirse a las instituciones educativas, se reproducen  «Analfabetas Funcionales».  Luego, la pregunta  en medio de ello es insistente: ¿Qué sentido tiene una Reforma de Pensum bajo esas condiciones?

YUBER HERNANDO ROJAS ARIZA Economista, Filósofo y Magister en Filosofía de la UIS

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