Economía Crítica

LOS ESTUDIANTES SON DEFICIENTES

Sandra Liliana Oróstegui Durán, Economista, Mg Sociedades contemporáneas, Mg Filosofía

Que los estudiantes son deficientes, que ya no leen, que ya no escriben, que están embrutecidos con el BB, que se comunican como simios a punta de caracteres que parecen aullar por entre las pantallas del facebook. Que los niveles de lectura y escritura jamás habían estado tan bajos, que la capacidad de redactar un texto decente y de leer uno con un poco de sentido ha abandonado a los jóvenes de hoy ¿La culpa de ello? Los profesores de básica culpan a los padres, las familias desintegradas, la inmoralidad de los hogares. Los de educación superior culpan a la básica y los padres, los curas, y todo el mundo culpa a la… ¡INTERNET!

¿Pero qué hay de cierto en todo ello? Lo que hay es una desidia presente en todos los niveles. Lo que se observa es una ausencia de sentido del trabajo educativo. Del trabajo educativo por parte de todos. Los padres esperan que la escuela los eduque, la escuela dice que ya no puede más y la universidad responde que lo que le interesa es que la gente sea buena trabajando. En definitiva, nadie se hace cargo del proceso lector y escritor.

Frente a esta situación, me he puesto a pensar cómo es que yo terminé tan interesada por la lectura y la escritura y no pude evitar recordar a mis Maestras de primaria. Esas señoras un poco temidas por mí -que siempre fui una niña super tímida- pero que me pusieron a leer enormemente, que se sentaron a mi lado a escribir conmigo cada palabra, cuando para mí la escritura fue uno de los descubrimientos más mágicos de mi existencia. Recuerdo a profesores de la universidad que se sentaron junto a mí a releerme el texto, a mostrarme los errores, a invitarme a reescribirlo, a impulsarme, a exigirme más

Y es que la lectura y la escritura no son algo dado. No es algo como la oralidad. La escritura es un invento novísimo que sólo aparece hasta el 3.500 a.C y que, en su momento, asustó a los poetas por el miedo a que la memoria expirara. Es una de las tecnologías más impresionantes que el ser humano ha podido producir y lo es porque permite organizar nuestro pensamiento y además conservarlo(1).

Lo que sucede no es que los estudiantes sean deficientes, sino que la educación no sabe para dónde va. Los maestros no saben bien para qué están ahí. Frente a la exigencia de producir seres humanos técnicamente bien adiestrados al mercado laboral para prometerles el éxito profesional, los libros y las palabras parece que no encuentran sitio. Los profesores están llenos de currículos técnicos que no dan lugar al tiempo con el estudiante, al proceso lento y arduo que significa comprender un texto y al proceso aún más arduo que significa producir uno.

La cosa es leer las copias para presentar un examen, para aprobar una materia, para obtener un título; pero cada vez es menos leer un libro para disfrutarlo en clase, para discurtirlo como pares, para poner en cuestión lo que creo que sé. La cosa es escribir un “ensayo” (cuyo significado sólo conoce cada profesor) para sacar una nota, para aprobar una materia, para obtener un título; pero cada vez es menos escribir un texto para revisar mis ideas, para inundar a los otros de mi pensamiento, para crear algo.

Mientras los profesores no veamos que la lectura y la escritura es un proceso lento, duro, azaroso y siempre gratificante no podremos decir que los estudiantes sean deficientes. Los deficientes son nuestros métodos de enseñanza, que pretenden desconocer todo el caudal de creación que estas generaciones tienen para ofrecer. La deficiencia es solo una manera cobarde de asumir los retos de este trabajo que, escogido por placer o por deber, siempre nos obligará a hacer algo  más que decir que ¡LOS ESTUDIANTE SON DEFICIENTES!

(1)ARÉVALO, Luis Fernando. Diplomado de Lectura y escritura en la Educación superior. Bucaramanga: Universidad Autónoma de Bucaramanga, 21 de junio de 2012.{jcomments on}

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