Editorial

Conflicto de dos cabezas

La guerra ha sido el eje central de la historia del hombre, participando de los principales acontecimientos que han cambiado el rumbo de la humanidad. En la actualidad el conflicto entre judíos y palestinos se remonta a la época de Cristo, hijo de dios. Dos culturas que tratan de reclamar la tierra santa de Jerusalén como propia. Cada pueblo argumenta ser víctima del otro al pasar de la historia. Pero no solo es un motivo religioso lo que desata la guerra que ha tomado la vida de miles de personas en los últimos 40 años, han sido dos líderes que “representando” sus pueblos atacan indiscriminadamente al otro. Sharon es un genio militar israelí que lucha por tomar la cabeza de Arafat, icono de la creencia palestina y responsable de la formación de células guerrilleras en el territorio.


Ambos pueblos buscan la libertad, pero alcanzarla significa destrozar al otro. Por tanto ser libre se logra bajo la condición de guerra sin importar que se transgreda los derechos de los hombres. Arafat carismático pero agotado, un digno sobreviviente, toma una posición alterna ya que se da cuenta que los ataques terroristas que lidero en su momento de esplendor ya no tiene ningún resultado positivo, solo miserias para ambas naciones. Ahora Arafat es un líder político que trata de buscar negociaciones de paz con el pueblo israelí. Sin embargo y pese el apoyo internacional, Sharon deseara acabar con el enemigo que considera la principal amenaza para todos y cada uno de los israelitas.

Por ello cuando Sharon fue electo como primer ministro en el 2000 no vacilo en movilizar su ejército tras la cabeza del líder palestino, quien nuevamente logra sobrevivir. Pero es la muestra digna de un estado que ejerció ese poder de dominación, que como artefacto se eleva sobre los individuos imponiendo la ley que necesariamente comparten todos sin importar el costo que acarrea.

Detener este conflicto es casi que imposible, tal vez sea la destrucción de un bando lo que traiga la paz, la sangre corre sin cesar por las calles en esta tierra santa, que se ve opacado por tanto dolor e ira. Los niveles de odio en estas tierras desvanecen la esperanza de una libertad en el alma, el asesinato de primos, hermanos, padres, amigos por manos de otra nación alejan el perdón de unos a los otros. ¿Pero existe algún escape a este círculo de dolor e ira?

Así como dos hombres logran enfrentar dos naciones batallando firmemente. Un hombre como Mahatma Gandhi logro liberar su pueblo sin la necesidad del mínimo acto de violencia. Depende del individuo y su temple de ánimo lo que demarca el futuro de la sociedad. {jcomments on}

 

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