Economía Crítica

Alegro

RONALD DUARTE Magíster en Filosofía y Economista de la Universidad Industrial de Santander (UIS)

Soy un infeliz,  pero de nada sirve buscarte.

A veces creo que estoy en tu camino de madrugada

y te espero a fin de mes con una sonrisa.

Pero luego, cuando tengo todo y tú ya te has ido,

casi a media semana, cuando ya no te veo;

sospecho que fuera cierto aquello, de que debía trabajar para encontrarte.


Hace algún tiempo te tuve; en mi mocedad juguetona.

Así que creo..; que estas de vacaciones, y retorno a buscarte en la imprudencia

y te encuentro al límite del deseo.

Y no te niego me divierto como niño

y me acojo a mis irresponsabilidades

y acaricio lo prohibido como los inmortales

y me sacio de ti en los manjares

más oscuros de abajo de tu ombligo…

Pero justo al creerte hallada:

te me escapa de las manos como el agua que bebe un niño de la alberca del parque.

 

Como el jugar tampoco funciona porque no gustas de juegos,

pretendo hacerte arte buscándote en mis adentros.

Y me vuelvo carpintero… de cetros y de cruces… para hallarte en tu reino.

Y te ríes. Y te veo alegre a la vuelta del aplauso

y se que eres tú: la que busqué también como obrero

y no pude hallar como Peter Pan viejo

Estas en las manos del poeta, en los ojos de fotógrafo, en la miel del pastelero, en la sonrisa del

sepulturero, en el pincel de algún desgraciado, en la cámara de algún infeliz, en el soliloquio de suicidio

del actor o en la voz  más desterrada de los oídos.

Ahí estas… Con presumida sonrisa; rodeada de dioses celosos,

ahí estas… Con la caja de Pandora en la mano izquierda,

acostada sobre tu calma, sobre tu magia serena, sobre tus noche más largas.

¡Y cogí la voz por costumbre¡ y no pude llenar las orejas.

¡Y me convertí en lápiz para dibujarte¡ Pero no dio resultado la espera.

 

Comprendí que no soy artista

y que cruzar el mar de la ignorancia tiene su reto

y quedarse en el recuerdo tiene su precio

y que hacerse a la memoria es de pocos… que manifiestan nunca haberte encontrado.

 

Y por eso soy infeliz a carcajadas. Porque no es voluntad lo que me falta sino fuerza.

Porque para crear no fue creada mi etiqueta…

Porque soy mortal; una sátira de existencia.

¡Y para encontrarte se necesita coraje!

No escuchar la voz de la conciencia.

Saberse fracasado en su odisea.

No pretenderte ensoñadora:

cerrando los ojos, apretando las muelas, malgastando la exigencia

 

No soy capaz de hallarte por ser pésimo creador

Y hay que crearte sin saberlo

Y yo no creo

Ya no creo: ¡nunca creí!

Así que no pienses que crearé

Y espero que no te molestes si no te encuentro nunca

Que no te pongas triste, no fue tuya ni mía la culpa.

 

 

 

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